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En estos días, una primita menor me estaba comentando que una de las protagonistas de su serie favorita era demasiado mayor. Mientras todos los demás actores tienen entre quince y diecinueve años, la muchacha en cuestión tenía la terrible edad de veinticuatro. "Es una vieja", sentenció.

Inmediatamente, tuve que defender a la actriz. "No, no es ninguna vieja. Es una chamita, apenas. Está en la flor de la vida" En ese momento recordé que siempre he pensado que la edad que las personas reflejan no es sino la proyección de la edad de quien la calcule.

Para ejemplificar esto, tengo dos compañeros de clase: uno mayor y uno menor. El mayor me dijo una vez "¿Tú tienes treinta y cuatro, cierto?", mientras el menor me preguntó "¿Tú tienes dieciocho?". Por eso, no me molesto tanto cuando las personas me suman más edad de la que tengo, y no me molesto nunca cuando me quitan años de encima.

Hay muchas personas que buscan la juventud eterna, bien sea a través de bálsamos, cirugías plásticas o con una pareja menor. A ellos les preocupa dejar de ser jóvenes, pero a mí me preocupa más dejar de madurar, porque lo de dejar de envejecer tiene dos soluciones: o sufres de la misma enfermedad que Benjamin Button o te pintas un retrato como el de Dorian Gray.

Ahora, si ninguna de las dos opciones te parece realista, entonces puedes hacer lo que respondo cada vez que me preguntan cómo no hacerse más viejo: "Suicídate, así dejarás de envejecer y todos te recordarán con la edad que tienes ahorita" Puede no ser el mejor consejo, pero es cierto.

Cumplir años no es malo, así lo quiero ver a mis recién adquiridos veinticinco. Aunque, por si acaso, ya pinté un retrato mío y cambié todos los cuchillos de la casa por unos de plástico.

Enviado originalmente el 29 de enero de 2oo9

1 comentario:

raquel dijo...

que c... te pasa, por que no pones de una vez que yo tengo 30! piensa en los demas, todo el mundo sabe que soy mayor que tu, ya no puedo decir que tengo 25. INSENSIBLE!