La boda de Mariana, durante y después de



Después de perdernos en el camino unos veinte minutos. Mis amigas y yo llegamos más tarde de lo pautado a la boda, pero -increíblemente- antes, porque no había comenzado el evento.
El padre, cura, o como lo quieras llamar, que ofició la misa era un profesor que tuve en la universidad. Siempre me cayó mal, siempre le caí mal. Él es la razón por la que dejé de ser católico. No pensaba saludarlo, mientras mis amigas le decían "Hola, profe". Yo me hice el loco, aún cuando me empujaron hacia él. No se puede ser tan hipócrita en esta vida.
Después de escuchar la misa, nos alegramos todos por Mariana y su esposo Ángel. No hubo arroz, pero sí burbujas. Hicimos más burbujas que niño jugando con saliva. Nos tomamos muchas fotos. Llegamos a la recepción y le íbamos a entregar el sobre con el regalo. Pero nadie lo tenía. Se había quedado en el apartamento donde se estaban maquillando mis amigas en la confesión anterior.
Así que había que encontrar un responsable. "Ciro tiene la culpa", dijo una de ellas. Yo me quedé sorprendido. Pero el razonamiento era algo así: yo fui el último en tocar el sobre, así que -obviamente- yo tenía la culpa de que se hubiera quedado. Algo así como jugar voleibol. Quien roce la pelota antes de que caiga, pierde.
Pasaban las horas y la gente se comenzó a emborrachar. Creo que hasta el agua tenía alcohol porque todos estaban muy felices. Debo decir que hay personas a quienes la bebida les cae muy mal. Aunque ya lo sabía. Pero siempre es bueno recordar que el exceso de licor no sólo provoca belleza instantánea en terceros, sino fotos vergonzosas que son colgadas en Facebook, lenguas que tartamudean y una confianza exacerbada en personas que no conocemos.
Esa misma confianza que termina con la pregunta del millón "¿Cuándo te casas tú?"
Mientras, en la mesa se podía hablar de cualquier cosa. Pero como estábamos solamente periodistas los temas eran sólo tres: política, trabajo y vidas personales. Sin embargo, como estaba rodeado de damas también se conversó de cuánto le costaron las vestimentas y los meses de dieta que tuvieron que pasar. Como si alguien se hubiera dado cuenta que habían adelgazado.
Un dato. Si no es tu boda, nadie te va a prestar atención. No es tu noche. Así que no hagas dieta, vive feliz con tus kilos y no gastes tanto en vestuario.
Siguieron pasando las horas y me estaba cayendo del sueño. Yo siempre he sido como una gallina: cuando se va el Sol, me duermo. Nadie se quería ir y estaban recogiendo las mesas. Ni la novia se quería ir. Así que la levanté y la llevé escaleras abajo. Sé que eso es tarea del novio, pero de verdad tenía mucho sueño.
En el momento en el que iba bajando con la novia, ella me dijo "Cirín, tengo ganas de hacer pipí". Abrí mis ojos de par en par y le clamé "Por favor no lo hagas" No lo hizo mientras la sostuve. Se fue al baño.
Nos despedimos con alegría, tristeza y la ilusión de volvernos a encontrar en algún día de esta vida. Después se hará difícil. Es decir, yo estoy seguro de que voy para el cielo, pero no estoy tan seguro de todas ellas. Hasta el último minuto dijeron "¿Cómo es posible que estuvieran cinco personas cerca del sobre y nadie lo tomara? Es culpa de Ciro"
Seguro que cuando lean esto me insultarán.

Enviado el 12 de agosto de 2oo9

2 comentarios:

Mariana dijo...

Ciro por Dios!!! ¿cómo puedes publicar que te dije eso?, aunque sea verdad, jajaja, estuvo muy buena, afortunadamente no escribistes todo lo que ocurrió en la fiesta!

Delia dijo...

Excelente amigo... la verdad me hizo reír mucho. Lo que más me gustó fue la explicación tan maravillosa que encontraste para entender por qué tú eres el culpable de haber dejado el sobre del regalo. Jajaja. Muy bueno.

Por cierto, viviendo en los alrededores de la Gran Caracas, entiéndase aquellas extensiones de tierra (cerros) que bordean la ciudad, he acumulado algunas experiencias que serían dignos capítulos de tus confesiones.

Por ejemplo, el episodio de hoy versaría sobre cómo una habitante del Junquito (léase pobre), puede llegar a “ofenderse” porque hoy decidí subir primero que ella al Jeep (medio de transporte rural que surca los cerros de Caracas para trasladar a todos los “habitantes” Ob.cit a la estación más cercana del Metro).. Dios…eso sólo me ha hecho pensar que en este país pobre es pobre, aunque lo coleen en el Jeep. Bueee…. Saludos Cordiales.

Último detalle: Jamás he entendido por qué los llaman Jeep, si en realidad todos esos vehículos son TOYOTA. Qué te puedo decir.